Estaba haciendo mi ronda en el hospital,
como lo hago habitualmente antes de la entrega de turno.

Me siento cansada. Mis pies ya están
latiendo de tanto dolor que tengo. Porque desde que empecé el turno, he estado
yendo de un lugar a otro. He estado recorriendo cada espacio y rincón del
hospital. He visto cada caso el día de hoy. Casos que hasta me aterran. Pero es
parte del oficio, de mí profesión. 

Desde que ingrese al hospital a recibir mi
turno. He estado yendo de servicio en servicio. Viendo y revisando que todo se
encuentre dentro de lo normal. Que todo este marchando al pie de la letra. Que
todo este marchando según los planes dictados cuando recibí turno.

El turno transcurre con normalidad. Todos
mis pacientes en estos momentos, se encuentran estables. Tanto en emergencia,
intensivo, observación, y los pacientes que se encuentran en encamamiento.

Llega la media noche, y por el hecho de
estar yendo de un lugar a otro. Y ver pacientes en emergencia, ya que hoy estuvo
lleno por tanta consulta que hubo, hubo casos fáciles y otros casos complicados.
Los cuales necesitan mas atención. Necesitan que se realice más estudios
complementarios. Entre caso y caso, se pasó la hora, y en fin todo es tolerable
y todo se va solucionando al transcurrir las horas.

Mis médicos que tengo a cargo, son médicos
simpáticos, tolerables, y juntos hacemos un buen equipo de trabajo. Aparte de
que son amigables. Trabajadores. Me agrada mi grupo de turno. Porque siempre
compartimos en cada turno. Tanto en trabajar los casos, como también en
compartir cuando comemos, reímos, disfrutamos y vivimos el turno, como debe de
ser.

El turno transcurre y las horas pasan…

Veo el reloj que porto en mi mano derecha, de
mi color favorito, cuadrado, con brazalete cómodo y confortable, del mismo color.
El mismo es un Smart Watch. Que tengo sincronizado con mi teléfono celular. Y
tengo todas las notificaciones en la palma de mi mano. y al observar la hora,
veo que ya transcurrieron dos horas de este nuevo día. ¡Que Cansado es turnar!

Y me siento cansada…

Tengo sueño…

Mis ojos se sienten pesados y veo borroso…

Ya estoy parpadeando constantemente, y
siento pesado los ojos, como si fueran piedras…
Mis sentidos ya están totalmente
descoordinados.
Mi mente no coordina con mis manos. Mis manos
no coordinan con mis ojos. Mis ojos no coordinan con mis dedos. Mis dedos no
coordinan con mi lapicero. Y mi lapicero no coordina con las hojas de
evolución. 

¡Y no sé qué estoy escribiendo!

Trato de concentrarme en hacer y escribir
todo lo sucedido hasta el momento, y que sea lo más claro y entendible posible,
pero es difícil hacerlo.

Veo mis dedos, y estos se encuentran
hinchados de tanto escribir. Los veo y hasta cayos me salieron por tanto uso
del bolígrafo. ¡Qué vida la mía, pero es la que elegí, y me agrada!

Mi mente se esfuerza por coordinar todo,
pero no puede. Se encuentra al borde de la perdición. Todas las conexiones se
perdieron, y hasta ahora. Mi mente es un gran corto circuito. Y la sinapsis,
que antes era bella y delicada, rápida y eficaz. Sutil y elegante como los pasos
de una bailarina de ballet. Rápida como la velocidad de la luz. Recorriendo
todas mis fibras nerviosas, como lo hace una ardilla recorriendo y trepando los
arboles en busca de su alimento. Todo coordinado y sincrónico, como si fuese una
sinfonía, tocando un tema de Ludwig Van Beethoven, Sebastian Bach o Pior Ilich
Chaikovski o cualquier otro maestro de la música clásica.

¡Todo esto se perdió!

Pero… ¿Por qué…?

La única respuesta que encuentro hasta el
momento, es el agotador y fatigado turno. y para los que ya lo han vivido, entenderán
esta parte.  Es una sensación única en el
mundo. Y es el único lugar donde uno puede ayudar a salvar una vida.

Mi corazón, se encuentra trabajando al
máximo, en ese momento, bombeando sangre hacia mis órganos vitales. Pero a
pesar de todo el esfuerzo que esta haciendo, mi mente ya se encuentra en su
punto crítico, donde ya nada hace efecto. Y todas las funciones, ahora se
encuentran en una total anarquía.

Entonces… mi cerebro y corazón, discuten y
debaten entre ellos (clásico de ellos, discutir por todo). Pero llegan a un
acuerdo mutuo. En ir a dormir para que ambos puedan descansar y disfrutar de
los brazos de Morfeo, por unas horas, para recuperar fuerzas y luego seguir
adelante. Ambos se dan la mano, dándose un fuerte apretón de manos, señal que
el trato se cerró.

Ordeno mis cosas, halo mi mochila que
siempre porto y me la coloco sobre mi hombro izquierdo, busco mi estetoscopio y
me coloco en el cuello. Guardo mi sello. Guardo mi juego de lapiceros que
siempre cargo (por aquello que se pierda alguno, o se acabe la tinta). Busco mi
pachón de agua y doy un sorbo. Le ordeno a mis pies, que se levanten y que
empiecen a realizar movimientos de contracción y relajación, y que se dirijan
hacia el cuarto, para ir a recuperar fuerzas, para luego seguir con el agotador
turno, que llevo hasta el momento.

Mientras llego a mí destino, voy tarareando
una canción. Que oí cuando me encontraba en la emergencia. ¡Mendiga canción, no
puedo borrarla de mi mente!

Llego al cuarto, busco la llave, giro la
perilla y veo la cama, que me dice. Ven… ven… Ven… y yo sin pensarlo. Me tumbo
sobre la cama, sin quitarme los zapatos. Sin quitarme los lentes, sin quitarme
el estetoscopio. Y me quedo tumbada sobre la cama, boca abajo, porque me dolía
la espalda (por intentar colocar una vía central, que al final no se pudo). Y
al sentir la suave piel de la cama, el calor que emana, mis ojos de forma
espontánea se cierran, y sucumbo hacia mi sueño REM. Y mi mente, inicia
a volar y recorrer los mundos de fantasía que mi mente puede crear. Y además.
Mi cuerpo inicia a recargarse, como si mi cuerpo fuese celular, conectado al
cargador. Para tener batería al 100%.

Y mi cuerpo… efectivamente lo hace, como
debe de ser…

Y las horas transcurren con normalidad…

Pero… algo no marcha bien…

De forma lenta y progresiva… algo comienza
a molestar por la espalda… una sensación como si alguien me estuviese golpeando
constantemente. Al principio, considere que es el estrés y que me esta dando un
espasmo muscular. Pero nunca había sucedido.

Pero… el dolor seguía, se fue
intensificando y se fueron asociando otros síntomas… tales como dolor
generalizado. Dolor suprapúbico, dolor lumbar y este último migra hacia fosa
iliaca derecha. y rápidamente, el dolor me despierta… mi cuerpo me pide a gritos
que busque ayuda, porque el dolor se encuentra muy acentuado. Mis labios se
encuentran secos y agrietados. Señal que estoy deshidratada. Pero, además,
siento calor, siento mucho calor, y me dije: ¡Dios, que tengo! Mi corazón
inicia a latir más rápido de lo usual, mi respiración aumenta. Mis ojos inician
a tornarse vidriosos, porque quiero llorar de dolor. Mi mano, busca el origen
del dolor, y se dirige hacia la fosa iliaca derecha, temerosa de lo peor. Y al
llegar al punto mencionado y cuando me auto examino, mi mente se imagina lo
peor. Y llegue a considerar: apendicitis.

Mi mente se aturde. Mis neuronas que
andaban todas desorganizadas y en total anarquía. En esos momentos, de dolor y
pensando que estoy en una situación de emergencia quirúrgica. Ellas
automáticamente, buscan el sustrato para recuperar energía, buscan
desesperadamente glucosa por todos lados y al encontrarlo de forma mágica,
inician a trabajar de forma organizadas, elegante, haciendo que todo se vea de
forma armónica. Mientras mis neuronas procesaban la información. Mi cuerpo,
inicia a secretar reactantes de fase aguda, inicia a liberar interleucinas
proinflamatorias. Provocando fiebre, malestar general, entre otras molestias, los
cuales en este momento no recuerdo.

Intento levantarme, y al apoyar mi pie
sobre el lado derecho, me causa dolor en la región lumbar derecha. Y al dar mis
primeros pasos, para ir al baño a miccionar, también me causa dolor, solo con
el hecho de apoyar mi pie sobre el suelo. Fue un calvario llegar al baño. Y al
tratar de miccionar, me causa dolor al orinar, mi orina se volvió concentrada,
cambió de color, y en menor proporción a la usual. Con estos datos. Me dije.
¿¡Por Dios, será infección urinaria!?

Antes estos hallazgos, mi cuerpo es
abrazado por la nostalgia y la angustia. Siento el ambiente que esto no va
estar bien. El temor llega a posarse sobre mis hombros. El miedo, llega a
tomarme de la mano diestra, y no sé qué hacer con todo esto. Inicio con gimoteos,
quejidos, porque mis dolencias van aumentando…

Pero mi cuerpo se hace pesado al pasar los
minutos y las horas. Intento guiar mis pasos hacia la emergencia. pero estos ya
no dan. Y cada paso que doy, es como si fuese un martillazo que recibo en la
espalda.

Así continua mi travesía, hasta llegar a un
servicio. Y con voz apagada y cansada, dando mis ultimas palabras, como si
fuese mi ultimo aliento. Le digo a la enfermera que se encuentra allí: hágame
favor de canalizarme, porque estoy con frio, dolor, disuria, dolor abdominal. Y
es tanto el dolor, que mi respiración aumenta, estoy con taquipnea, y luego
siento que mis manos y pies inician con adormecimiento, y los siento pesados. Inclusive
considero, que he perdido fuerza muscular, pero no es así… es parte de la
sintomatología que tengo… pero todo esto me esta agobiando. Todo esto me causa
pánico… ¡Qué horror!

Y la seño enfermera, tan amablemente se
dirige hacia mi persona, busca un acceso vascular, lo mas anatómico posible.
Busca su equipo para canalizar, y Gracias a Dios, solo fue un intento para
colocar el acceso venoso (porque odio las agujas y los pinchones). Y busca una
solución salina, que inicia a pasar, pero esta pasa a goteo lento, porque el
acceso venoso que se utilizó, es de calibre pequeño, utilizado únicamente para
neonatos. E inicia el goteo de la solución, a goteo lento, porque el calibre
del acceso no lo permite. Pero no importa, lo importante es que esté pasando ¡Lento
pero seguro!

Mientras la solución está a goteo lento, mi
mente empieza a recordar un evento similar hace un año. Cuando presenté las
mismas molestias. Mi mente hizo un salto en el tiempo. Volviendo a revivir lo
que pasó, lo que sufrí, y todo el calvario que viví. Mi mente como es tan
amplia e imaginativa, llegó a pensar que posiblemente tenga lo mismo que el año
pasado. Litos (cálculos) renales, y también para mi mala suerte cursé con infección
urinaria, llegando a requerir antibióticos intravenosos. Llegando a recibir
hasta por una semana. Fue una semana dura para mi (y no quiero volverlo a
vivir). Fue un infierno. Y con todo lo acontecido hasta el momento, creo que el
infierno esta volviendo a iniciarse. 

¡Porque a mí…!

Mientras mi mente cavilaba en lo acontecido
previamente…

Recordando esos momentos de angustia en las
que estoy viviendo…

El dolor no me abandona… mis entrañas están
con dolor… se están retorcido dentro de mi cuerpo… es como si estuvieran colgados
en un pincho, dando vueltas asándose lentamente.

Y mi mente empieza a jugar con mi subconsciente…

Hurgando por allí, se encuentra y activa
una parte de mí, que ya había olvidado… que lo había guardado en una caja
negra. En una bolsa de basura. Marcada con letras rojas, colocándole: peligro
no tocar… pero el dolor hizo que resurgiera de lo más profundo… y rápidamente me
surgió la imagen de la persona, que no quería recordar en ese momento… y era…
era…

Pero luego oigo que suena el teléfono del
servicio… y las personas que se encontraban allí, contestan amablemente. Y oigo
a lo lejos, mientras me retorcía del dolor. Y respondiendo decían, si ella se
encuentra aquí. Esta canalizada, pero es urgente, porque se encuentra mal… y no
tuve otra opción de contestar el teléfono… y al otro lado de la línea, me decía
la enfermera del servicio. Que uno de los pacientes inicia a desaturarse, que
ya lo nebulizaron, lo aspiraron, le aumentaron el oxigeno suplementario, pero a
pesar de ello. Aún continúa desaturado. Además… inicia con hipotensión… y demás
parámetros que me hicieron forzar a detener mi hidratación.

Diciéndome y preguntándome ¿Por qué me hacen
esto, y a esta hora?

Pero luego me digo, ellos son la razón del
porqué me encuentro en este bendito lugar.

Y al ponerme de pie, me di cuenta, que el
dolor ya había disminuido parcialmente. Que el dolor que tenia en mi espalda,
ya había mejorado. Y mis síntomas aliviaron levemente. Y al caminar, ya tolero
hacerlo. Pero, aun así, mis molestias persisten… no quiero ir al servicio donde
me llamaron, para ir a ver a los pacientes, que me acaban de mencionar, pero no
tengo a quien mandar. Mis demás compañeros se encuentran ocupados en
emergencia, porque llegaron nuevas consultas. Y los demás, se encuentran
estabilizando pacientes de los otros servicios. ¡Triste mi caso!

¿¡Pero qué puedo hacer!?

Nada…

Veo que al momento ha pasado 1000 ml de solución
cristaloide. Quisiera administrarme más, pero por los eventos presentados, en
este momento, lo suspenderé…

Así que tomo mis cosas. Las guardo en mi
mochila que nunca me abandona. Y me dirijo con paso lento, firme y seguro, voy
caminando tan lento, que hasta puedo contar mis pasos. Mientras camino, veo que
me acompaña un ser poco deseable: el dolor. ¡Qué compañía tan molesta tengo en
este momento!

El pasillo se encuentra solitario. Una que
otra persona transita a esta hora. Solo los que tenemos que trabajar rondamos
por aquí. El pasillo es largo. Con una luz tenue, que apenas alumbra mi camino.
Con otra luz parpadeando, dando a entender que le quedan pocas horas de vida al
bendito foco. Y luego de recorrer los pasillos, solitarios, donde se cuentan
muchas historias de ultratumba. Al fin llegó a mi destino.

Me cuentan sobre los pacientes que se inestabilizaron.
Y me dirijo a evaluarlos uno por uno.
Mientras me encuentro evaluado a mis
pacientes, mis molestias persisten. Creo que esto va para largo. Porque no veo mejoría.

Y luego… mi cuerpo empieza a estremecerse…

¡No! No puedo creer, lo que me esta pasando…
tomo un termómetro y me la coloco en la axila… y veo que tengo 38.8 °C. Mientras
estoy allí, el dolor a nivel suprapúbico, inicia nuevamente, y tengo ganas
nuevamente de ir al baño a miccionar. Y al llegar al baño, e iniciar a miccionar,
me arde y duele demasiado. Es tan fuerte el dolor, que hasta brotan algunas
lagrimas de mi ser… y el dolor, además, se extiende hacia la región lumbar
derecha y fosa iliaca derecha…

Ya mi cuerpo se siente mas cansado… me
siento pesado. Mis manos y pies inician con parestesias. Tengo perdida de la
sensibilidad en mis cuatro extremidades… mi boca esta reseca… mis ojos arden,
duelen y pesan de tanta molestia… mi corazón inicia con taquicardia, por la fiebre
que tengo… 

¿¡Dios, que tengo!? 

¿¡Dios, por qué a mí!?

Mientras me encuentro realizándome cuestionamientos,
que solo Dios me puede responder… pasa la hora, y veo que ahora ya son las seis
de la mañana. ¡Que rápido transcurre el tiempo! Y mis molestias, las siento
como si llevan mucho tiempo, pero en realidad apenas llevo dos horas. Y siento que es una eternidad. El tiempo pasa lento… como paso de
tortuga…

Trato de soportar el dolor… busco acetaminofén
y tomo un gramo, mientras llega la hora de salida… y esta logra apaciguar someramente
mis molestias. Es tanto las molestias que mejor decido retirarme del hospital…
y me dirijo hacia mis aposentos.

Al llegar… me tumbo a la cama… y por mi
mente cruzan un sinnúmero de ideas sobre lo que pudiera tener en ese momento. Pero
mi mente también me dice…

¿Con quién tengo que ir para que me evalué?

¿En quién confiar?

Porque no conozco a ningún colega de
confianza, que pueda evaluarme y tratarme…

Me encuentro en una encrucijada, sobre con
quien ir, y quien confiar, para que me trate

El lector dirá… el personaje principal, es melindroso/a.
¿Por qué no busca ayuda con sus compañeros de trabajo, si se supone que ésta en
un hospital?

Pero el personaje principal, no confía en
sus compañeros, porque ha oído historias no gratas de pacientes que han llegado
a consultar. Y esto genera incertidumbre… porque no quiere que le pase nada malo. 

Que difícil decisión, me encuentro en una hesitación complicada, sobre lo que
debo de hacer.

Y recuerdo que hace un rato mi dolor toco
mi subconsciente, y abrió la caja de pandora, sobre alguien a quien tenía bien en
el fondo del barranco de las personas no deseables, por todo lo que me hizo. Por
todo el dolor que sufrí cuando estaba con esa persona. Si supieran todo lo que
lloré, todo lo que pasé, todo lo que viví, todo lo que aguanté, llegando a tal
punto de caer en la depresión. Que cruel vida la que tuve. Ahora me pregunto ¿Por
qué mi subconsciente está volviendo a revivir esa parte negra de mí vida?

¿Acaso quiere que lo llame?

¿Acaso quiere que vuelva a recordar esos
momentos de ira qué viví?

¿Por qué me está pasando esto?

¿Qué estaré pagando para volverlo a
recordar?

Es una retahíla de sucesos los cuales no
quiero recordar. Fue un tormento para mí, y recordar, es volver a vivir el
infierno vivido.

Pero no tengo a quien acudir. ¡No tengo a
quien preguntarle sobre lo que me está pasando!

Pero ¿Por qué esa persona, habiendo muchas
más y mejores?

Pero… no quiero consultar al hospital, por
muchas razones…

¿Qué hago?

Alguien que me ayude en estos momentos de
pena y dolor…

Mientras mi mente debate y crea una lucha
infernal sobre llamar o no llamar. Mi corazón entra en esa disputa… y se crea
una trifulca que lleva a la vida y la muerte… mi encéfalo por un lado y mi corazón
por el otro lado. En una lucha de titanes. ¿Quién ganará?

Mientras ellas continúan en la disputa. Mis
ojos y mis manos concuerdan en buscar el teléfono, y al tenerlo en mi mano, mi
dedo pulgar, busca su número en la agenda. Después de una larga búsqueda, no
encuentro el número. ¿Que lo abre hecho?

Y haciendo memoria, ese numero lo borré de
mis contactos hace mucho tiempo. Desde que lo deje. Borré su número de una vez
de mi agenda y lo bloqueé por si se le ocurre llamarme. Lo bloqueé de todas mis
redes sociales. Para que nunca más me vuelva a escribir o llamar.  Lo elimine de mi correo electrónico. Busque el
archivo de todas las fotos que teníamos de todas las actividades y salidas que juntos
hicimos. Las revisé una por una, vi muchas fotos, desde que empezamos a salir,
y al contar todas. Eran mas de 500 fotos, o talvez más. El dolor no me dejó
contarlas todas. Y al verlas… recordé que tuvimos momentos felices (en
realidad, fueron contados, a lo mucho 3 o 4. Nada más…), y cuando veo todas esas
fotos, con sonrisas, con abrazos, en lugares conocidos, y lugares nuevos por
conocer. Pero también, al ver esas fotos, recuerdo todos los momentos malos que
vivimos. Son mas momentos desagradables que agradables. Tanto así, que cuando
sigo viendo las fotos, mis ojos empiezan a derramar lagrimas del dolor y penurias
que pasé. Y mis lagrimas ahora ya no son del dolor que me esta aquejando, mas
bien… es por todo lo vivido. Y mientras más fotos veo… más lagrimas derramo,
porque cada foto, es una lagrima. Y me encuentro entre sonrisas y llanto.
Cierro la aplicación, y busco nuevamente su
número. Porque, aunque no quiera hacerlo, es el único que me puede ayudar en
estos momentos. ¿Pero estará dispuesto a ayudarme? ¿Contestará mi llamada? ¿Vendrá
a evaluarme y tratarme? Pero no tengo otra opción. Sigo buscando su numero y no
lo encuentro. Pero recordé que lo tenia bloqueado. Y me dirijo hacia la opción de
números bloqueados… ¡Oh sorpresa! No se encuentra dentro del listado de numero no
deseables. Ahora me pregunto ¿Qué hice ese número? ¿Por qué no lo tengo
bloqueado? ¿Cuándo lo desbloquee? ¿Por qué no está en ese listado? ¡Dios que
hice!

Entonces… ¿Qué hice ese número?

¿Dónde lo abre
metido?

Pero. ¿Por qué estoy preocupado por encontrar
ese número? Si no se como se portara conmigo. Será que tendrá la paciencia, la
paz, la calma, y la decencia de evaluarme. Y tratarme con voz suave y
angelical, porque en estos momentos no me encuentro bien, para que alguien me
haga sentir mal.  Y si alguien lo hace… no
sé cómo actuar… pero por mi condición, mejor haré caso omiso a todo lo que se
me diga.

¿Dónde deje su número? porque no recuerdo
su número de memoria, gracias a Dios, porque si no, seria mas tormentoso para
mí, tener su numero guardado en mi subconsciente, eso sería más trágico para
mí. Trágico para mi vida. Trágico para mi vida cotidiana. Y agradezco que no me
lo sepa de memoria. Pero en estos momentos necesito ese número. Que ironía.

¡Dios, que difícil situación me encuentro
en este momento! Pero al final, dentro de mi desesperación, pude encontrarlo. ¡Al
fin! Pero no puedo creer lo que hice, lo tengo guardado con otro nombre. Y como
lo supe, porque al final le coloque dos letras indicándome que ese numero nunca
mas lo usaré… y ahora, ¿Qué hago…? Llamarlo o no llamarlo… confiarle o no confiarle,
ese es el dilema…
Pero… me encuentro tumbado en la cama, con
el cuerpo adolorido. Con el pelo alborotado y despeinado. Con la temperatura de
39 a 40 grados centígrados. Los anteojos, por un lado. Con los ojos llorosos,
rojos, vidriosos, pesados, con ojeras, ahora parezco tener ojos de mapache. Con
las mejillas mojadas de tanto lagrimeo, hasta las lagrimas marcaron un sendero
en mi rostro, como si fuese un riachuelo. Mis labios se encuentran secos y
agrietados. Mi mucosa oral también se encuentra seca y roja. Mi corazón taquicardico
debido a la fiebre y el dolor que tengo. Pobre mi corazón se encuentra en estrés
total, por varios factores, ya mencionados. Mis pulmones se encuentran cansados
y se encuentran con respiración rápida y profunda. Es tanto dolor que tengo,
que hasta respirar me duele bastante. Pero trato de respirar lo mas despacio,
pero el dolor no me deja y hasta mi habla de torna entrecortada. Dando a
entender que estuviera cursando con alcalosis respiratoria. Pero es el mismo
que me invade, haciendo que respire de esa forma.

Mi abdomen no se diga, tengo dolor generalizado.
Y también respirar me duele. Pero el dolor que tengo, es dolor en fosa iliaca
derecha, hipocondrio derecho e irradia a fosa renal derecha. Pero cada vez que
me auto evaluó, me duele mi riñón derecho, creo que es infección urinaria
severa. Pielonefritis. Litiasis renal. Colecistitis aguda. Hepatitis A. fiebre
tifoidea, entre otras causas. Mi vejiga duele y arde cada vez que voy al baño y
veo mi orina turbia, amarillenta, no fétida, pero esta es escasa y me arde mucho
al orinar… que dolor indescriptible. Mi intestino grueso, ahora decide iniciar
con diarrea. ¿¡La gran chucha, que tengo!? Y mis extremidades con parestesias,
en las cuatro extremidades. Con fuerza muscular disminuida, con reflejos
conservados (considero que están normales, porque no me puedo evaluar mis reflejos
y no tengo martillo de reflejos jiji).

¡Que dolor!

¡Que sufrimiento!

¡Este dolor no se lo deseo a nadie!

Necesito a alguien que me evalué, pero tengo
tanto dolor, que mi cuerpo en este momento no aguanta ni siquiera ponerse de
pie, tengo tanto dolor, que me duele hasta el tuétano. Mis lagrimas se quieren
suicidar. Mis ojos quieren estar cerrados todo el tiempo, para no derramar más lágrimas.
Quiero estar en posición fetal todo el día, porque así me duele menos…

Mientras el tiempo corre, mientras el dolor
se acentúa más, mientras la fiebre persiste. Mis dolencias luchan con mi
cerebro, para ponerse de acuerdo en llamar a ese ser innombrable, para que
venga a evaluarme. Pero… ¿Por qué quiero y a la vez no quiero que venga? Esa respuesta,
no la tengo clara. Pero de algo estoy seguro… solo en el confió en estos
momentos. Y confío en lo que me dirá, y aceptaré todo lo que indique. ¿y Por qué
no hacerlo con los médicos de dónde trabajo? Esa respuesta, creo que ésta más
clara… no confió en ellos.

Y sigo cuestionándome que hacer. Sigue la
lucha entre mi dolor y mi cerebro, y ahora se involucró mi corazón y mis
sentimientos. Se encuentran en el octágono del llamar o no llamar, en el cuadrilátero
del dilema. Se encuentran en el ring de la incertidumbre. Y el referí soy yo…
pero al momento, no se quien va ganando. Por lo que al final…

Tomo la decisión de llamarlo…

Marco su numero e inicia a sonar la línea. Pero
mientras tanto… mi corazón se torna taquicardico, mas de lo que ya está. Mi respiración
se vuelve más rápida. Mis manos inician a sudar. Mi cuerpo se 
encuentra con
descargas de estrés, debido a la acción en que me encuentro.

El teléfono timbra en tres ocasiones, y me
digo ¡No me va a contestar, para mí es un alivio! Porque pienso que no querrá
saber nada de mí.

Pero esperen… cuando oigo al fondo, una voz
tosca y seca. Oyendo que se encuentra en una conversación, y en ese momento quise
cancelar la llamada. Porque mi cuerpo se estremeció solo con oír esa voz áspera.

Mi dedo se encontraba cerca de cancelar la
llamada y oigo al fondo, diciéndome:

Hola ¿Cómo estás?
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