Es el día previo al acontecimiento especial. Una fecha tan
esperada.
¡Recuerdo el día!
¡Recuerdo la hora!
Pero ya era tarde. Tenía sueño. Estaba cansado. Así que me
recuesto en el sillón del cuarto de la emergencia. Cierro los ojos, e inicio a
soñar algo bonito…
Era un día cualquiera. Ese día estaba nervioso. Estaba
tembloroso.
El escalofrió recorría mi cuerpo. Desde mi occipucio hasta
mi dedo del pie.
Recuerdo ese día que te vi por primera vez.
Eras una niña bonita. Eras una princesa encerrada, quien
gritaba porque alguien se diera cuenta de tu hermosura. Y esta era difícil de
encontrar, porque no eras una niña como las otras, eras alguien muy diferente.
Desde niña, siempre te había gustado el deporte.
Desde que conociste el basquetbol. Tu vida cambio.
Tú… eras niña. Porque en vez de cuidarte el cabello. En vez
de cuidarte tu piel. En vez de cuidarte tu apariencia física. En vez de comprar
ropa de acuerdo a la época y edad. Tú… preferías estas preocupada por quien
ganaba y quien jugaba los partidos de basquetbol. Tú… te preocupabas por hacer
bien los pases cuando jugabas basquetbol.
Tú… eras niña. Nunca viste la maldad en las personas.
Tú… eras niña. Porque estabas entregada al deporte.
Y con ello hiciste muchos amigos. Conociste mucha gente.
Pero el tiempo transcurrió…. El tiempo, la edad y los compromisos
cambiaron. Y dejaste de ser niña…
¡Momento! ¡No es verdad!
Tú… quien desde que diste tu primer paso en aquella casa de
estudios universitarios. Nunca te imaginaste que ese día tú vida iba a cambiar.
Nunca pensaste, que, con paso tembloroso, y la mirada
perdida, ante tan escenario diferente al que vivías anteriormente. Donde veías
que todos iban vestidos de particular. Donde nadie iba vestido de uniforme.
Donde veías que todos tenían diferente vestimenta, y además… diferente edad.
Tú… al ver eso… sentiste temor. Sentiste angustia, porque se acercaba el día
para que inicies a estudiar allí. Y así fue… entraste a la carrera más humada
de las conocidas…
Hubo muchas escenas, las cuales ya no quieres recordar. Hubo
momentos felices, que en estos momentos al leer esto, recuerdas cuando estabas
sentaba fuera de los módulos, esperando a que el catedrático entrara y tú lo
seguías para recibir clases. Recuerdas los días cuando te sentabas en los
peladeros. Recuerdas los días cuando tomabas el bus para ir a casa, porque ya
era tarde, y tu mami siempre te llamaba para preguntarte ¿Dónde estabas? ¿Por
dónde vienes? Tú mami… al oír que ya ibas para la casa. Con voz angelical, te decía,
que Dios te acompañe
Y así era… montabas el bus urbano, llegabas a la terminal. Subías
el bus, y este te llevaba a la casa. Cuando ibas, mirabas el escenario que, en
ese entonces, era una pradera verde, llena de árboles, pasto, plantas, casas,
las cuales eran contadas. Cosas que ahora… ya no existe.
Al llegar al parque. Bajabas del bus… siempre con el pelo
largo, el cual siempre te hacías una cola. Siempre vestida de traje deportivo.
Siempre cargando la mochila de color lila que tu papi busco por todos lados
para regalártelo para que la usaras al ir a la universidad. Siempre usando tus zapatos
tenis, porque te sentías cómoda. Te hacia recordar que en ese momento estabas
jugando basquetbol. Al llegar a casa. Tocabas el timbre, tu papi abría la
puerta, te veía y te daba un abrazo de bienvenida. Saludabas a tu mami, y ella
con voz melodiosa te decía. Gracias a Dios que ya llegaste.
Te dirigías a tu cuarto. Te tumbabas a la cama y descasabas
un rato. Al ver la hora. Si era temprano, te cambiabas e ibas jugar basquetbol
al complejo. Si era tarde. Preferías hacer tu tarea y leer los temas para el
siguiente día. La misma rutina. El mismo viaje. Hasta que llegó la hora de ir
al hospital.
Otra vez… cambio de escenario. Cambio de rol de vida.
Pero aquí… Aquí… Te diste cuenta que ya no podías volver
a tu rutina. Ya no podías volver a viajar. Ya no podías ver el paisaje. Ya no podías
ver el atardecer que muchas veces contemplaste al ir a casa. O el alba cuando salías
temprano para ir a la universidad. Desde allí… todo cambió.
Tuviste que buscar un nuevo lugar para pernoctar. Tus papis
como siempre lo han hecho, fueron contigo a buscar un cuarto, un lugar donde
quedarte. Un lugar seguro. Un lugar donde existe una familia, si fuera posible.
Pero no fue así… encontraste un lugar no muy lejos del hospital. Un lugar que
quedaba a diez minutos caminando del hospital. Pero… para sorpresa tuya… había
bastantes perros… de diferentes razas. Había un labrador negro. Con buen porte.
Que te gustaba acariciarlo, porque era el primer perro que se encontraba en la
entrada de la casa. Y más adentro se encontraba “la pelos”. Y otros perros, que
en este momento no recuerdas los nombres. Pero había uno fastidioso. Uno por
ser un chihuahua, y por el comercial que realizo un restaurante de comida
rápida de venta de tacos. Decidiste llamarlo taco bell. Que hilarante al
recordar eso. Porque ese perro lo odiaste, porque en uno de esos días, te mordió
la pierna. Y por eso… lo recuerdas con desdén.
Llego el día tan esperado. Tu primer día en el
hospital.  Recuerdos que en estos
momentos no vienen a tu mente.
Pasaron los días. Como no estabas acostumbrada… sentías el
cuerpo destrozado. Ahora inician los turnos, salías tarde. Llegabas cansada a
tu cuarto. Llegabas y dormías. Al siguiente día tenías que madrugar, para
arreglarte y vestirte. Desayunar, e ir nuevamente al hospital. Y esto se convirtió
en una rutina. Rutina que llegaste a amar. Porque era tu pasión estar en ese
lugar. Aprender algo diferente todos los días. Y así pasaron los días. Pasaron
los meses. Pasaron las rotaciones.
Pasaron los años estando en diferentes rotaciones y
diferentes hospitales. Pero sin darte cuenta. Alguien se acercó de forma
pasiva. Se acercó sin percatarte. No creo que recuerdes el primer día que lo
conociste. Pero él sí. Hasta escribió al respecto. Ese día, esa hora y esa
fecha nunca se borrará se su memoria. Tenlo en cuenta. 

Iniciaron a salir. Iniciaron a conocerse tanto dentro del
hospital. Como fuera del mismo.
Sin darte cuenta de lo que pasaba, lo fuiste queriendo. Sin
darte cuenta, lo fuiste extrañando cuando no estaba contigo. Extrañabas cuando
él estaba de turno. Y el amor fue surgiendo poco a poco. El amor, fue llenando
ese vacío que tenías antes. Ese vacío que lo llenabas con otras cosas, con
otras actividades. Sin darte cuenta, lo fuiste amando.
Te diste cuenta, que tenían muchas cosas en común. Muchas
cosas que gustabas y disfrutabas de él. Y él también de ti. Te diste cuenta que
le tenías confianza, aunque por dentro dudabas un poco. Y recuerdas ese día,
que le diste el dinero para ir a traer la cámara de tú tía, que se había
arruinado. Y por dentro dijiste, capaz que me robará el dinero. Pero no fue
así.
Los dos tenían una pasión. Los dos tenían un sueño de
convertirse en un profesional reconocido. Ambos tenían ese deseo. Ambos
luchaban por seguir adelante. Y así fue…
Ambos se ayudaban. Ambos tenían la fuerza de voluntad por
seguir adelante. Y sin darte cuenta. Él se recibió primero. Y tu feliz por él.
Al paso de los años, tú te graduaste. Pero no todo acabo allí. Él te decía:
tenemos que sacar una especialidad. Tenemos que superarnos. Él… siempre soñando
en realizar su especialidad y egresar en uno de los hospitales más grandes de
la ciudad. Lucharon… y ambos ingresaron a uno de los hospitales más grandes,
como lo habían deseado.
Pero antes de eso… ellos comían, salían, disfrutaban el día,
salían a correr, salían a caminar. Salían a disfrutar de un helado. Salían a
diferentes lados. Y todas las salidas, era una actividad especial. Era algo
único y diferente. Era algo que solo ellos comprendían. Siempre tomados de la
mano. Siempre riendo el uno al otro. Siempre buscando cosas con que
entretenerse. Siempre buscando alegrarse el día. Y cuando cruzaban la calle, se
tomaban de la mano y ambos gritaban cuales niños llevan en su interior, y la
gente al oír sus gritos, volteaban a verlos y juzgarlos. Pero a ellos no les
importaba eso. Porque estaban felices. Muy felices.
Él al darse cuenta, que realmente la quería… decide
declarársela de forma no tradicional. Ella al oír la proposición… cree que se
trata de una broma. Pero él con ojos llorosos, piensa que lo está rechazando. Y
ella… al ver la reacción, le pregunta, si realmente es cierto, lo que le está
diciendo. Y tú mujer divina. Aceptase ser la novia de él. Y de allí… vienen
muchas aventuras. Que hasta escribiría un libro de tres tomos por contar todo lo
vivido. Y ese día… nunca lo olvidaras, porque decidiste vivir y decidiste
iniciar una nueva aventura junto a él. Y supongo que nunca te arrepentiste de
dar el sí. Y él nunca olvidara ese día. Porque vivió muchas aventuras junto a
ti.
El primer mes del año, siempre celebraban su aniversario.
Fueron muchos, por cierto.
Él siempre buscaba algo diferente para celebrarlo. Siempre
trataba de ser original.
Y hoy… que es el primer mes del año, con la fecha próxima
del aniversario tan esperado. Te das cuenta que él ya no está contigo. Él por
su parte, siente el mismo pesar.  El
mismo dolor. Acongojado. Meditabundo. Con el alma destrozada. Hecha añicos.
Sin querer a él le brotan lágrimas de sus ojos, y recorren
su mejilla. Su alma, lo abraza la tristeza. Y los recuerdos se acomodan en su
regazo. Y las lágrimas forman un rio tan profundo y largo como el rio amazonas.
Haciendo que se ahogue con sus lágrimas, por tanto, despierta de su sueño
durante el turno. Agitado, y atolondrado recobra la conciencia, y se dice a sí
mismo. Fue un sueño.
Busca el celular, ve la hora, y se da cuenta que son las
cero quince horas. Y de forma inesperada suena la alarma del celular, donde un
cuadro de texto menciona que es el día del aniversario.
Y él al ver eso, recuerda que realmente ya no te tiene. Que no
fue un sueño. Que realmente te perdió. Y que ya no estas con él.
Pero lo vivido no fue un sueño. Fue realidad. Aunque él ya
no te tiene, recuerda muy bien este mes.
Porque es el mes del aniversario.

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